

Parece que en este mundo y en la sociedad en la que vivimos existen ciudadanos de primera categoría y ciudadanos de segunda.
Hay muertes que a nadie le importan y vidas que sí. Al menos desde los grandes medios de comunicación es lo que se muestra y el significado que podemos abstraer de sus mensajes y noticias diarias.
Si tomamos como ejemplo el caso de la ciudadana franco – colombiana Ingrid Betancourt, quien se encuentra como prisionera política o de guerra del grupo armado FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). En este caso, se muestra el entendible dolor de su familia y allegados exhortando al grupo guerrillero a que la liberen. Inclusive, gobiernos enteros se promulgan a favor de esta acción y hasta se ha anunciado una “misión de paz” por parte del gobierno francés para lograr la liberación.
Tapas de revistas y portadas de informativos y cadenas internacionales y nacionales le dan gran relevancia a la vida de esta persona, que por supuesto, la tiene.
Sin embargo, no notamos el mismo despliegue mediático por cada persona que muere día a día por injusticias como la guerra. El caso de Irak o los conflictos de Oriente Medio donde día a día mueren miles de personas no tienen la misma cobertura, ni la misma preocupación por parte de los grandes medios.
Desde el punto de vista humano, pensamos que todos los seres que habitamos el planeta Tierra tendríamos que tener el mismo derecho a la vida. Es obvio que esto no es así y que tras estos escándalos y despliegues mediáticos se utiliza el dolor de las familias para fines políticos y según sea el interés político y económico habrán hechos que importan más y otros menos. Lamentable, ya que los medios tendrían que ser formas de expresión social democrática y no cómplices de los centros mundiales de poder.
Fuente Foto 1: Univision.com Fuente Foto 2: DayLife.com













