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El hombre que evidentemente sufre graves alteraciones de orden psquiátrico ha declarado según su abogado algo así como que podría haber matado a todos y así no ser descubierto y que sin embargo, optó por “darles cobijo” y llevar a un hospital a una de sus “hijas” al estar ésta grave de salud.
Bueno, obviamente que esto no merece mucho comentario verdad?
Lo que sí me parece comentar sobre este desgraciado hecho es la repercusión que en los medios ha tenido este hecho y cómo resurgen tras este tipo de episodios sociales una serie de configuraciones del discurso y de la demanda social que se repiten como “figurita repetida” a lo largo de la historia.
Es así que no faltan nunca aquellos que enarbolan las banderas del endurecimiento de las penas para los violadores, aprovechando la indignación social para hacer resurgir viejas prácticas de tipo medieval como la quema en la hoguera …
Ni que hablar que se aprovecha de paso para reflotar doctrinas de tipo nazi o fascista en cuanto a un estado super – policíaco al mejor estilo de la sociedad nazi de la época en la cual todos los ciudadanos alemanes eran como “polícías”.
Es claro que los traumas del nazismo podrían haber estimulado un mecanismo de defensa de tipo “hacer lo contrario a lo que hacíamos en el nazismo”, como por ejemplo, la super – vigilancia de la vida privada y se pasó a lo contrario, al no entrometerse en la vida del otro.
Se ha reflexionado en torno a esto y parece ser una de las hipótesis que la sociedad austríaca ha construído en torno a este tipo de hechos realizando un paralelismo teñido de culpa. “No puede ser que no supiera lo que pasaba allí, caminaba todos los días frente a esa casa rumbo a mi trabajo, tendría que haber hecho algo …”, se lamentaba un vecino de esa zona.
Pienso que debemos pensar seriamente sobre estos temas, en cómo abordarlos debidamente y no caer en facilismos erróneos que nos confundan y nos hagan repetir horrores peores como los que se cometieron en la historia del hombre.
Fuente: El Pais













