El último informe de Amnistía Internacional, dado a conocer el miércoles pasado, fue categórico: Estados Unidos exige, pero hace lo que le viene en gracia. Dice que, en los últimos años, ese país, por ser el más poderoso de la tierra, “establece los estándares para el comportamiento de los gobiernos”, pero que se ha “distinguido por un desafío al derecho internacional”.
El informe condena duramente las aberraciones que se cometen a los prisioneros detenidos en la base militar de Guantánamo, Cuba, en donde cientos de personas viven en condiciones infrahumanas. Por esto es que en el informe se le exige a Estados Unidos que cierre la cárcel y todos los centros secretos de detención, y juzgue a los prisioneros en su derecho o los libere. Además, pidió que el presidente George W. Bush rechace categóricamente el uso de la tortura.
Amnistía Internacional también hizo reclamos a China, a quien exigió cumplir con sus promesas sobre derechos humanos y permita en su país la libertad de expresión y prensa. También pidió que el país elimine las formas de trabajo precario y esclavizante, como los programas de trabajo forzado para prisioneros. Otras intimaciones fueron hechas a Rusia, a la que se reclama mayor tolerancia ante la disensión política.
Sería bueno que, de una vez por todas, estos informes y estas llamadas de atención a los países fueran tomadas realmente en serio por aquellos que deberían hacerlo. Muchas veces leemos y escuchamos cómo se intima a las grandes potencias a realizar tal o cual cosa, pero pocas veces lo vemos en acción. ¿Habrá que proponer un sistema de sanciones, quizás, un poco más drásticas, para que la cosa funcione?
Fuente | IPS













